Park Chan-wook es uno de los directores más aclamados en la industria del cine independiente asiático y su trabajo en «La Chica del Tambor» no decepciona en absoluto. Esta miniserie de seis episodios, adaptación de la novela homónima de John le Carré, cuenta una historia de espionaje sofisticada y llena de giros. Sin embargo, el verdadero mérito de la serie es la sólida construcción de personajes y el compromiso emocional que tiene el espectador con la protagonista, Charlie (Florence Pugh).
Trama
Situada en el Tel Aviv de los años 70, la trama se abre con el secuestro de un médico que trabaja para los palestinos y que tiene información sobre una explosión que mató a varias personas en Londres. En un esfuerzo por traer a los culpables ante la justicia, el Mossad (el servicio secreto israelí) lanza una operación encubierta que incluye la contratación y entrenamiento de Charlie, una joven actriz inglesa que se encuentra de vacaciones en Grecia.
La serie se caracteriza por una atmósfera tensa y claustrofóbica, no sólo por la inquietud del trabajo encubierto, sino también por las relaciones interpersonales que se establecen en torno a este. La directora de actuación del Mossad, una mujer fría y calculadora, se convierte en la entrenadora de Charlie y la guía a través de su nueva identidad. El agente encargado de la operación, Kurtz (Michael Shannon), es un hombre de pocas palabras, con un temperamento inescrutable y una inclinación por actuar de forma aislada. Charlie se encuentra en medio de estos dos personajes y tiene que encontrar su lugar en su nueva vida sin pisar demasiado fuerte.
Es así como La Chica del Tambor se convierte en un retrato de una mujer que se ve arrastrada por circunstancias ajenas a ella, pero que, a pesar de todo, se aferra a su voluntad de sobrevivir y encontrar respuestas. La serie toca temas relevantes, como el conflicto palestino-israelí, la inestabilidad emocional y la dificultad de establecer una identidad auténtica en un mundo que nos pide que nos conformemos con ser quien se espera que seamos.
En cuanto al apartado técnico, la serie es un deleite visual. La atención al detalle en cuanto a la ambientación es impecable y el uso de la música y el sonido, magistral. La fotografía de Woo-hyung Kim es particularmente destacable, con la disposición de los objetos y los personajes en los planos que permiten que el espectador se involucre en la escena. La actuación de todo el elenco es impresionante, especialmente la de Florence Pugh, que carga con el peso de la historia y lo hace con la competencia y la sensibilidad que se necesitan para un personaje tan complejo.
Resumen
La Chica del Tambor es una miniserie que logra capturar la esencia de la novela de John le Carré en un trabajo audiovisual que deja mucho que hablar. Una historia de espionaje que no se limita a los elementos del género, sino que toca temas relevantes con una profundidad emocional que se queda con el espectador. Park Chan-wook demuestra que, en lo que se refiere a su arte, sabe cómo manejar la emoción y la complejidad sin perder de vista la historia que quiere contar. Una verdadera obra maestra que no se puede dejar pasar.